A veces, hacer un paro durante el camino y observar la zona donde estás, hace que tus sentidos se agudicen y vean cosas con más detalle del que verías si estuvieras siguiendo el camino. También puede ser que ya tuvieras referencias de lo que quieres ver, y la parada sea a propósito para poder juzgar por ti misma / lo que has oído.

Tanto es así que en ocasiones creo que, en la vida, si no nos parásemos de vez en cuando, nos perderíamos muchas cosas que pueden sorprendernos y hacernos pensar que el día realmente ha valido la pena.

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En este caso, yo ya había oído alguna referencia, pero no lo había visto nunca, y no sabía qué me encontraría. Y fue el día, en el que yo había decidido hacer un tramo de la vía verde del carrilet, que me paré en Sant Julià de Llor después de haber pasado por Anglès, para verlo en persona.

Lo que pensava es que me encontraría un puente románico solitario, abandonado en medio de la naturaleza, puesto que las fotos que había visto así lo hacían parecer. Pero en realidad el puente está justo al principio (o al final) de una pequeña urbanización de casas de piedra antiguas muy bonitas. Está muy bien conservado y es más grande de lo que me imaginaba. Por tanto, mis expectativas fueron superadas. Y eso que nunca intento hacerme expectativas.

Tanto si vais por la vía verde, como si estáis pasando unos días de relax en una casa rural cercana o como si, sencillamente lo queréis ver y hacer fotos, vale la pena desviaros un momento para disfrutar de un rato de un rincón que, aunque no lo parezca, tiene mucha historia entre sus piedras.

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