Ah, los placeres de la vida! Hay muchos, pero sin duda, uno de los que podemos hablar sin pudor, ni ofender sensibilidades y que nos gusta a la mayoría, es el de comer. O, como decimos por aquí, de la vianda.

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Hay un dicho catalán que reza: «a la taula i al llit, al primer crit» (traducido: «a la mesa y a la cama, al primer grito»). Sin duda es de aquellos dichos que han persistido a lo largo de incontables años. Y nunca se tiene que menospreciar la sabiduría popular, pues tiene más razón de la que nos podemos imaginar. Si hubiera estado prevenido de lo que me esperaba aquel día que fuí a comer a Mas Can Tura, hubiera estado un día entero sin comer para preparar mi estómago para tan glorioso ágape. Y sí, hubiera ido al primer grito. Tal y como ocurre en otros campos del turismo, en el mundo de la gastronomía los restaurantes tienen todos características particulares que los hacen únicos. Hay de cocina vegana, otros son italianos, otros de cocina casera y otros de cocina de diseño o de fusión de culturas culinarias. Mas Can Tura, como induce su nombre, es una de cocina tradicional catalana. Y es de los especiales.

Alguien ha visto nunca alguno de esos retos culinarios que ofrecen los canales de televisión? Uno de estos en el que el comensal debe comer una cantidad ingente de comida, a veces con límite de tiempo, o comer un sólo plato pero extremadamente picante (tan picante que para los mortales nos podría provocar una úlcera parecida a un agujero negro). Son retos llevados hasta la exageración pues a fin de cuentas, la mayoría de nosotros con una comida moderada tenemos más que suficiente. Mas Can Tura no es de aquellos que te plantean un reto extremo de comer mucho, pero para ser francos la comida que ofrecen es tan abundante que cuesta mucho acabársela. No escatiman en nada. No os preocupéis que os haremos una descripción en breve.

Para poder comer en Can Tura se debe reservar mesa. Nosotros tuvimos la suerte que nos plantamos allí sin reserva y pudimos entrar. El restaurante no tiene una capacidad de clientes muy grande, pero se llena siempre, y fuimos testigos de ello. Y no es de extrañar. Estáis preparados para el reto? Adelante pues!

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La pitanza empieza con dos entrantes: uno consiste en pan con embutido tradicional catalán. El pan es hecho al fuego de leña, muy denso y muy bueno, y con él te ponen butifarra blanca, butifarra negra y un salchichón especialmente potente en sabor.. Y eso ya es «mala» señal porqué yo, personalmente ataqué la comida con fuerza y no me contuve. Acto seguido llega la ensalada: lechoga, escarola, brócoli, tomate, huevo duro, aceitunas, pimiento, zanahoria, atún, … una safata muy llena (realmente muy llena) con ingredientes cultivados en los alrededores o del propio restaurante. Una delicia.

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Debo confesar que después de los primeros yo ya había llegado a la mitad de mi capacidad estomacal, y eso que soy de los que les gusta comer. Pensaba que la comida ya había llegado a su mitad. Nada más lejos de la realidad, pues aquello acababa de empezar. Después de los entrantes llegaron los primeros…

Uno de los primeros platos era arroz de montaña con setas y muy caldoso. Creedme si os digo que es uno de los mejores que he probado. Confieso que por pura gula repetí. El otro primero era dos variedades de caracoles. Caracoles a la «llauna» (sinceramente no sé como se traduce sin quedar en ridículo), que estaban un poco pasados de sal, pero aún así muy buenos y caracoles en una cazuela (no sé cuál es la receta). Y no había pocos… Llegados a este punto yo ya pensaba que la comida había acabado y pasaríamos a los postres. Que engañado estaba, porqué después de los caracoles llegaron los segundos.

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Y estos segundos fueron el clímax de la comilona. Por un lado nos sirvieron tres tipos de carne en tres cazuelas diferentes para no mezclar los sabores. Carne de pollo, de ternera y rabo de vaca. I qué sabores! En aquél punto yo ya pensaba que iba a reventar. Y después de la carne llegó el marisco… el último plato! Consistia en gambas y cigalas, perfectamente cocinado, aún tratándose de un restaurante lejos del mar.

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Al final llegaron los postres. Tienen una buena oferta, variada y elegante, que va des de crema catalana o hasta helado. En mi caso elegí fruta ácida, para poder digerir.

Por cierto, he hablado de comida, pero no de bebida. Como he dicho al inicio, no escatiman en nada. Dejando de lado que sirven agua de Sant Aniol (la embotelladora está justo a la vuelta de la esquina), todos los platos que sirven van regados con un buen vino tinto (o blanco), y uno de los mejores cavas que puede ofrecer el territorio catalán, del cual no voy a desvelaros la marca para que tengáis una grata, muy grata sorpresa. Tenéis que ir allí y probarlo todo. Ah! y toda esa comida no repercute mucho en los bolsillos, porqué puedes elegir qué platos comer y el precio varía entre los 25 y los 45 euros por persona. No es nada caro, por la calidad y la cantidad que llegan a servir. El restaurante se encuentra en la entrada de Sant Aniol de Finestres, en punto de nacimiento del Valle del Llémena. Os dejo el punto exacto marcado en el mapa a continuación. Aceptáis el reto?

Actualitzación: En el restaurante Mas Can Tura sólo se puede pagar en efectivo. No aceptan tarjetas!

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